Pablo Bobbio Art Studio  
 
 


BOOKS 
( LIBROS )

1990-92:

"Art: A Life System". Basis for a different artistic education. 1990-1992.
("Arte: Sistema de vida". Bases para una educacion artistica diferente. 1990-1992)


1997:

“The Silent Language of The Body” 1997. Bilingual edition
("El lenguaje silencioso del cuerpo" 1997.)


WRITINGS, from Lucido del Alba
(ESCRITOS,  de Lucido del Alba)



Paralelos

 Escritos mientras duermo

La Fiesta

 

 

Historia crimen.  Basa el llamado en el asesinato.  Humano.  Hipócrita. Restos crudos, bestialidades que estremecen.  Salvaje trozo de cadáver, marinado, aderezado.  Asado y digerido.  Es una fiesta que merece: vida sin crueldad, historia sin dolor.  Y memorándum.   Lugar de sudor  y moscas.  Comida servida. Un corazón de piedra, pájaros que no pueden escapar. Cenizas con plátano y la memoria del muerto, borra todo rastro de su ser  y evocación posible.  Olvidar el paraíso.  Letargo agasajo.  Envejezco en la medida del espejo.  Burbujas llenas de vientos y rocas impregnadas de vacío.  Ojala supiera de donde vienen.

 

O.

 

Adonde van.  Ciego.  Oscuridad, es cuando veo.  Casi dormido.  Yo. Manifiesto sin miedo, claro, transparente.  Traspasado.  Y otra vez lucido. Llena.  La muerte, amanece dormida y agotada.  Por el pecado de haber vivido.  Todas las banderas están guardadas.  Justo.  Sopla el viento. Y cada vez que algo pase, se pierde. Retrocede.  Marca rumbo.  Yéndose de aquí, allá.  Se apaga.  No se quiere ver. Desaparece.  Respira.  Ahoga y quiebra su nausea.  Contaminando el aire, espera. Es un suicidio lloviendo. Llueve feo.  Algo pasa.  Se espanta.  Encuentra.  Se va aquí.  Allá. Mundo de ingeniosa belleza y virtud.  Traspasando la ilusión de la vida y la muerte.  Solo.  Lo veo persignándose.  Está cerca.  El suave y pacifico fin alcanzado.  El amor, ausente en el circo.  Una adjunta biblioteca llena de libros sin título.  Insistiendo.  Cae lloviendo y es una larga lluvia la que va a caer.  Y así llueve.  Feo.  Una fuente de plata gastada, como lo anterior. Llena.  En una mesa vacía.  Cubiertos de oro y vajilla frágil. Porcelana china. Un pescado muerto, esquelético, hace ya tiempo.  El hambre sentada en la cabecera, insaciable y sonriente.  La suciedad de los invitados, de los que no vienen y no están.  Ya salen.  Me fui de vuelta, pudiera volver.

 

O.

A.

Ese.

 

Mundo iluminado lleno de palabras sin sentido.  Que hace peor: sufrir y padeciendo destierro.  Encontrando significados inexistentes.  Voces que llegan a la mesa.  Sin eco.  Ni acústica.  Vacías, silenciosas.  La sagrada confesión. Gritando urgencias.  Para salvarse del fuego, del tormento y el pecado.  VEO un caballo de cobre, flotando en transparencias.  VEO.  Una mujer vestida de blanco y sangre.  Castigando  su espalda con una rosa marchita.  VEO.  Un hombre desnudo caminando en cuatro patas en el aire. Montado en un animal de cinco cabezas encendidas, y la cola entumecida entre sus piernas.  VEO.  Alguien que asesina todas las mañanas, VEO agua, lodo y manchas imborrables.  VEO.  VEO algo haciendo ruido, el espanto de la muerte, el cansancio físico, la falta de sentido, la ausencia del amor.  El invento de Dios y un anciano sentado mirando la pasión.  VEO un presagio y una pregunta.  VEO. Como todo se ha perdido y me voy.  Es el tiempo del postre y estoy ciego.  Dormido.  Dejarlo que solo fuera, venir palabras, muertas, repitiéndose en un paraíso de vallas invencibles, sin estrellas ni luna.  Negra.  Como una vagina de piedra, húmeda, patinada de dulces fieras que atacan.  Toda la noche, y toda la noche así.  Toda la noche así. Dormir durmiéndome, dormido, y esperando dormir.  Despierto dormido durmiendo.  Represión, compasión.  Y no puedo, fui. Vertical, cayendo de brazos abrazando el aire y la tierra.  Escucho.  No me podrán alcanzar.  Estarán, mis hijos?  Cuanto?  Otra vez patino descalzo por los techos de un cielo azul marino, profundo.  Sin aguas.  Tratando decir suelto,  sin pensar en el oído.  Sordo, sin ser.  Nunca escuchado, frente a un espejo roto.  Grandes pequeñeces y fragmentos móviles que nunca terminan de caer.

 

Vidrio.                                                  Móviles.                                                       Mitos.

 

Monumentales monumentos.  Sostenidos por pentagramas y suspiros de un último aliento de vida.  Quedo en todo esto.  Donde voy.  Música.  Quien espera, baila un tango argentino.  Amor.  Un montón de gente desnuda en un abrazo.  Un montón de gente matándose en un campo verde.  Verde.  Un hermoso cielo. Amar a alguien, debe ser la cosa más hermosa de la tierra, adentro.  Yo.  Ya no me acuerdo.  Es verdad.  Como el silencio. Amén. Amen, mal acompañado, repetido. Por este ruido interminable que perdona y perdura en mi cabeza.  Aturdiéndose.  Altruismo infernal de dioses que no absuelven.  Ya que nunca terminan de dictarme mi conciencia.  Si pudiera saber quién soy.  No me voy,  no sirvo,  no lleno,  no abro puertas.  No escucho,  ni bajo, ni subo.

 

Siempre.

 

Alguien me podrá tocar algún día?  Llegarme a mis entrañas.  Vaciarme hasta mis manos.  No es verdad.  Duermo.  Revela.  Descubre, ambiguo. Inmaculado, se acerca implacable.  Cuando me concentro, me descentro.  No estoy, ni aquí, ni allá.  Verde.  Arena reflejando el sol.  Una orilla. Orillándome.  Caigo en un mar salado y denso.  Otra vez voy.  No dejo. Aquellos zapatos de mi niñez.  Reyes magos que no cumplían los deseos.  Solo eran una manada de cerdos rosados. Bienes alimentados.   El hambre allí, insaciable. Espera.  A  la hora del postre. Rememorando anaranjadas mentiras.

 

                                                             Jamás.

 

Axial.  Rozaban la madera oxidada.  De la cruz.  Una piedra en el acerado espejo. Un alma sin corazón.  Una muerte muerta.  Asesinada tantas veces, renaciendo colmada de limpios caracoles.  Azules, rojos y amarillos, flotando en una arena límpida y gastada.  Lavada.  Fueron rocas.  Negras.  Si.  Escucho ruidos. Movimiento.  Sonido.  Veo piel gastada, abrazada por la sal y el sol. Sin parir. La vida. Deseada. Levemente caigo, sin ruido. Adentro. Un bisonte malherido por una sanguijuela, se me clava en la espalda. Un grillo canta, en un atardecer contaminado.  Cerrado.  En sus venas, la salud, enferma.  Resentida por los odios de la guerra.  Ojo oscuro, profundo, Acto de locura lucida y cordura obnubilada por la hora del té. Al mismo tiempo.  Unísono.  Sigue bailando el tango.  Ojo.  Mira muerto.  Lleno de calmantes y de calma.  Que no calma.  Tapa, esconde, mutila, duele, Cinturón.  Sin sentido y frontera.  Marca con puntos de costura.  Que serán por siempre.  Una firma.  El hambre ve.  Narciso se erige con fuerza, esgrimiendo una espada invencible.  Antigona que trata enterrar lo que no puede y se inscribe para siempre.  En lo real.  Medea devorando a sus hijos para que no los mate el poder.  Sin perdonarlos.  La madre asesina.  Observa impávida.  Bordeando la noticia de la restitución, sin enterarse.  No interesa.  El Otro no la deja.  No deja. No cesa.  Que en el invisible.  Se pierde.  Paradigma de los que pueden darse.
Sin rituales funerarios devendrá la tragedia.

 

Cobijar.                                                                                                            Su ausencia.

 

La ceremonia no se cumple.  En el plato decorado, el pescado pudriéndose. Redondo.  Esquelético.  No toques el agua.  El frío de tu cuerpo, va a congelar el lago. Ser.  Cambié.  Me podrás alcanzar.  En mi carrera veo una mujer con sus tetas amarillas.  Erectos pezones, acompañada por un soldado con su pecho atravesado.  Por una bala metalúrgica.

 

Creada.

                  Para él.

 

Hace tanto tiempo atrás.  La espalda arde.  Exhalando un perfume de lavanda. Fresco.  Nuevo.  Atrás. Y VEO.  Una pila de carnívoros chacales.  Dos personajes y un martillo borrador.  Una huella en la piedra.   Y VEO.  Una tormenta. Volteando al sudeste sobre un torso arquetípico. Zapateando.  El último desfile de mascaras sostenido en el hueco.  Y  VEO.  Mi alma. La ultima Cena.  Desplegándose en contrastes y valores.  Grises. Aromáticos.  VEO  senadores,  montados en un elefante blanco haciendo equilibrio sobre un diamante que refleja la luz de Dios. Inmutable.  Perfecta.  Sin deseo.  Los deformes,  los jorobados,  los paralíticos, los deprimidos,  los mentirosos,  los valientes,  los que están locos,  los enamorados,  los melancólicos,  los antiguos,  los siniestros,  los innombrables,  
l
os crudos, los sabios,  los ladrones, los falsos,  los negociantes,  los asesinos, los ricos y  los pobres,  los navegantes,  los investigadores,  los aventureros,
los profesionales,  los crueles,  los perversos,  los poderosos,  los normales,  los traicionados,  los que lloran,  los que ríen,  los que creen que la vida esta quieta, los jueces,  los negros,  los blancos,  los religiosos,  los ateos,  los tímidos,  los escrupulosos asexuados  y los que nunca estuvieron en una fiesta.  Bailan.  En silencio.  Materia prima humana.  Toda junta.  Hecha de palabras gritadas, ruidos y olores.  Sosteniendo pancartas.  Anuncios y modas.


                                                                   
                           Navegan.  Al son del tango sordo, que expresa con voz ronca y quebrada.  Un ritmo perfecto y aplomado  que  hoy se estrena.  Territorio.  Multitud balanceándose en una danza. Imperfecta.  Transpirando un deseo prohibido.  Privado.  Sin poder nombrarlo. Desplazándose en secreto.  En secretos.  
La madre asesina.  Observa impávida. El hambre,  se abre insaciable.  Espera.  Y  VEO.  Otra pila de carnívoros chacales.  Dos personajes y un martillo borrador.  Una huella en la piedra.  La indulgencia se alcanza en esta delirante carrera sin destino.  Y la relación cambia.  Ahora.  Es esperanza.

 

Una firma blanca en la piedra negra.

 

El orden de lo esencial.  Perdido.  El encuentro entre dos sujetos.  El mítico placer, además de la confianza. Comió.  Vacío marcado para siempre por  el caníbal hermano gemelo ingerido en la placenta.  Culpa posible de pagar.  Deseo constante de devorar y ser castigado.  Vacante imposible de tapar.  Ausencia y desolación. Cómo suplantar a este compañero original?  Aquella relación amorosa.  En un imprescindible martillazo, cambiara radicalmente de un golpe. Transformador.  La pareja  imaginaria en el leal, se derrumba minuciosamente después del doble crimen.  Entretejido en exilio  y entrega.  

Infidelidad.  Trama y trama.  Es un fantasma.  Es un traidor.  Es un verdugo. Segmento dañado, no se reconstruye.  Se repite el pasado. Será otra.

 

Y  otra.                                          

                                                                                                                                     Y otra.

 

No en este par, ni en el que vendrá.  Permanecer, en la compañía eterna de la bestia? Podría.  Un verdugo.  Un soldado.  Un guerrero.  Un valiente.  Algo esencial siempre.  Lo real vive y sobrevive.  Criatura digerida.  Individuo roto. Irreparable.  Cambiar.  Transformar.  Modificar. Perdonar.  Remontar.   Sufrir. Hasta.  Tolerarse, entregarse.  Nombres en lista blanca.  Dos nuevos personajes. PAR,  amalgama en el amor falso y el infalible destierro.  CERTEZA,  para no sentirse solo.  Repetido agasajo de glotones.  Gigantesca comilona.  Chismes y luminarias iluminadas arribando.  El hambre gran devorador.  Almacena  y ve.  La madre asesina  observa impávida.  Solo resta ampararse en un mar dulce y vacío, en donde la sed se habrá acabado. Tradición.  No duele más.

 

O.

Infidelidad.

 

Carne, huesos, mentira y miedo.  Persona cualquiera y la misma.

Resentimiento,  venganza,  afectos.  Adonde.  Revertida, indómita.  Desde un diafragma director.  La gran iluminación.  Enlazadas energías y el poder.  Vida miedosa a enfrentar el paso militar. Marcado.  El hambre.  Repara, y la madre asesina  está en la mira.  Imperturbable.  Par y Certeza acompasan el ritmo de la partida.  La fiera se orienta mejor.  La fiesta.  Una marcha  de grandes asesinos. Los bailarines y su tango, disfrutan de lo verdadero. Abúlicos. Tarde se verán, vencidos, cansados.  Fuerza de la destrucción.  Destrucción del hermano, y de la hermana, del padre y los padres. Destrucción de la madre y las madres, destrucción de los sueños y los sueños, destrucción de la familia y las familias, la destrucción del hijo y de la hija y todos los hijos, la destrucción de las ilusiones.  La destrucción propia.  Abandono.  Victimas  victimizan. Victimizando. Cadáver que convive lo nuestro.  Recodamos futuro?  Nace. Alguien muere. Aquel  que todo puede.  No puede.  Lastima muy.  Pero muy fuerte sin siquiera percibirlo.  Otra, otra, otra, otra vez se deja inscripta.  Una marca. Corporal.  Un ombligo.  Que respira ahogándose, inundado en leche materna.  Caliente. Quema. Fuerte, muy fuerte.  Es la fuerte lluvia, que destruye interminable, lo que encuentra. A su paso.  En nombre de la verdad, el amor y la tolerancia. Nacimiento.  El  destino se corta y el hálito comienza.  Llenándose a sí misma. La demanda, insatisfecha, alimenta  gemido.

 

     El primer grito.                                                                                                      

                                                         El primer eco.

 

                                                                                                                    O.

 

Los griegos también se me vienen encima.  En sus pesadas estanterías. Pesas. Llenas de polvo antiguo.  Caen cuadrados, siniestros, caminando. Sueltos como un doberman, alemán salvaje y feroz.  Flaco y hambriento de campos de concentración.  Perdidos.  Que apiñan condenados.  Amputados. Enana neblina aplacada por rectas invisibles. Cuanto sueño.  Tengo.  No me acuerdo los días. Viejos.  Donde las bolitas de vidrio, corrían empecinadas. En la empinada senda de una ciudad gris, americana.  Golpes.  Pronto. Volteo hacia la puerta cerrada. Asomo por una nariz.  Peluda. Mucosa y ajena.  Vigilo. 

 
                                                                                                A.  Los amantes.  Bailando. Enroscados, entumecidos en un amoroso acto.  Cayendo sobre un colchón de estrellas de punta afilada.  Suponiendo.  Que a esa distancia no descubro su recóndito secreto.  Las vacas caminan por los cerros.  Mientras.  Los perros mueven sus colas. Y el mundo está feliz.  Danzando el tango.  Sigue.  El hambre compensa, y la madre asesina  naciente. Inconmovible.  Par y Certeza ajustan el ritmo de la partida.  La fiera se acomoda mejor.  Vino y vino.  Ella.  La cantante, de voz ronca y sonora.  Comenzó a decir.  Bordeando.  Sonidos musicales que nunca nadie entendió.

O.

El sacrificio.

 

Lo que no se sabe que se sabe, es inmolado.  Infortunio de ser.  De que florezca en la palabra, la admisión y el desengaño. Firmo y afirmo en la roca.

Esta vez.

 

Negro.

Sobre negro.

 

Negro marfil.  Carcomo y desgasto.  Estampo un saber que se ignora como una doble huella de ser.  El hambre desagravia,  y la madre asesina  se

enaltece.  Inexorable.  Par y Certeza ajustan el ritmo del destierro.  La fiera se emplaza mejor.

O.

 

Señales de letreros amarillos, que cruzan.  Calles alocadas de un transito imposible.  Paneles solares que reflejan la hechicería.  Un escudo que raja la tierra.  Parpadea dentro del agua.  Siempre.  Mojado.  Multitud que se dobla.

En cuatro.  Almas se parten.  Eficientes humos de chimeneas que contaminan.  El ambiente.   A pesar del aviso de los sabios.   Ha llegado Dios.  Reyes, contadores y médicos.  Luchan arrojándose ladrillos pesados. De una punta a la otra.  Sin poder dar en el blanco.  En nadie.   Es otra de las batallas.  Universitaria. Suntuosa.  Sentados en el cordel de la vereda.  Observando cómo se filtra el cuerpo del enemigo.  Enojados.  Tristes. Otros huelen.  Disimulan.  Atónitos.  Dan una ojeada.  Esta escena de piedras rojas volando sobre cadáveres de sapo.  Por encima de los luchadores muertos en batalla.

  

Sin.                                                                                                                 Fin.  

 

Ladrillos inmóviles en el aire, a la espera.  Donde golpear nuevamente.  Nunca. Jamás se caen.  Sólidos.  Violeta.  Rosa.  Blanco.  Colores que envisten la imagen financiada por signos.  De esperanza.  Mientras.  Nada.  Esta abierto.

O.

 

El cacique.  Chaman sentado aguardando.  La pregunta.  Maldiciente.  Que no dará la tierra. Ya.  La mano del hombre.  Se perdió en una ingente luz, dentro.
Allí.  
El hambre festeja, y la madre asesina glorifica.  Inapelable.  Par y Certeza pactan el ritmo del destierro.  La fiera se alinea mejor.  Mide.   Ya cerca de su único salto.  Espíritu y alma de los que se contentaron. Vencer.  Las plantas de los pies.  Vendadas.   Intacto.  Aun los pedazos de vidrios reparados, celestes.  En venta.  La calle bloqueada.   Atascada.   Por pacientes vestidos de luto. Pacientes. Por la pérdida.  Aguardando. Caminado sobre cristal molido.  Sin dolor.  Un cajón marrón, de selecta madera.  De caoba.  Adentro.  El difunto es polvo de cobre refinado.

 

O.

 

Blasones nuevos rasgados de noticias. A  toda memoria.  Amantes enfermos.  En una callo un borracho sentado al borde.  Caos.  Apagón. Gente que corre.  Huye. Oscuridad.  Luz.  Pasajes.  Pasos.  Llaves se tuercen.  Reformados laberintos. Puertas que se cierran.  Tranqueras. Bustos en sendero.  Pacientes, pacientes llenos de paciencia.  Cuando ya. Yo la he perdido.  La cantante.  Canta. Observando.  Tango.  Un perro perdido en una nube plateada.  Un techo rojo saltando de un lugar a otro, en el salón de danza del supermercado.  En la noche. La luz encendió dejando al descubierto.  La soledad, mis unas sucias y la piel gastada por un tiempo pasado.  Fue mejor.  Azucarado y meloso.

 

Y.

 

En las gomerías.  Gente moría por números impresionantes.  Grandes.  Por la contaminación publica de las iglesias ardientes.  Acompañando el humo. En las bibliotecas.  Aun.  El azúcar no se había derretido.  Miel y la policía estaban por primera vez juntas de la mano.   Alertas.  Flor.  Extensiones.

Cruceros sembrando el pánico.  Surcaban.  Los masones con sus compases afilados.  Y sus escuadras medidas y aplomadas.  Seguían calculando un

tiempo  inimaginable para ellos.  Quieto.  Nunca.  En un calendario azteca.  La luna traspasaba los cimientos.  Ante un pavimento fresco.  Quebrado en dos. Potrillos enloquecidos, dejaban sus marcas.  Huellas.  Con sangre.  El gris. Se mezclaba con el rojo.  Dejando entrever un tono plateado y espiritual.  De sacerdocio.  Obispo.  Violeta.  Libre.  Las calles cerraban, dejando a su paso.  Los ríos secos.  Veloces.  Las montanas derretían el hielo.  Aun.  Así.  La gente seguía muriendo.  En las gomerías aglomeradas. Multitudes.  Publico interminable construyendo colas infinitas cercanas al fuego.  Golpeándose contra las paredes. Insistentemente.  Trataban.  Las grandes maquinarias aparecían.  Movidas por gigantes transatlánticos y trenes.  A la fuerza.  Simultáneos.  En auxilio de cadáveres adúlteros. Dispersos.  Sucesivamente.  Día a día.  La goma quemándose al sol creaba una humareda.  Sin bronceador.  Los veterinarios se volvían locos.  Los médicos se volvían cuerdos.  Los abogados planchaban minuciosamente. Ropa.  De cuello duro. Tomando medidas.  Para la fiesta del último juicio legitimado.  Sin cargo alguno.  Aquel  anónimo baile.  El tango.  Y su voz ronca, se disponía.  Por última vez danzar.  Alocado.  El festejo de la fiera que ya había realizado el salto.

 

Perfecto.                                       

                                                                                                                                   Pasado.

 

Devorando.  Finalmente, los niños dispuestos.  Por el Rey a la hora exacta. Sobreviven.  El hambre, satisfecha.  La madre asesina.  Reina.  Finito de la última cena compartida con el par y la certeza.  Música de tango sueña.

Todavía.  Los médicos amenazados por las aceitunas verdes.  Corrían desesperados.  Buscando propiedades.  Sombra.  Sentido.  Escalando escalofriantes escaleras.  La multitud tomándose un café oscuro.  Los observaba en su carrera.  Licenciada.  Por agentes mejicanos.  Entonces. Fue.  Que.  El verdadero valor, quedo en las ferreterías.  Los atletas todavía. Desesperados.
Por competir y ganar.  A los negros.  Insistían enfadados. Nadando en aguas turbulentas y sin reparación.  Sin entrenamiento.  Sin ningún condicionamiento que los venciera en su negocio. El agua estaba descompuesta por la diarrea.  El publico ovacionando.  Defecaba.  Los atletas sabían.  Que.  Jamás alcanzarían los altos.  

 

Lo único que pudo salvarlos.

 

Fue.                                                          La lluvia.                                                  Que.

Clara.                                                       Saludable.                                               Cayo.

Sin final.                                                 Largamente.                                            Casta.

 

Limitando todo hasta los huesos.  Limpiaba.  Era una larga. Larga lluvia la que seguía  cayendo.  Aquí. Queda.  El hambre asesinada, y la madre glorificada. Inapelable.  Par y Certeza se dieron por muertos.  La fiera se ausento.  Presumida. Las voces se apagan.  El tango.  Acabo.

 

O.

Enigma. Conciencia. Duermo.

 
Lucido del Alba, Houston, 2007





 

 

Oscuridad

 

El sobresalto era infringido por una madre que despiadadamente.

Castra en una ambulancia blanca y brillante. El sonido metálico de una sirena que suena. Desesperando,

Y la pobre niña llora y grita: Mama, mama..

Donde estas.?.

Que responde:

No quiero verte nunca más. Nunca Más.

Te odio desde el día en que has nacido de mis propias entrañas.

Odio mis entrañas por haberte concebido.

La niña llora. Llora todo el tiempo.

Tratando de salvarse a través de interminables horas de psicoanálisis.

 

Olvidar.

 

Poder encontrase con su madre que ha hecho alianza con la mayor de sus hermanas. Sólida y avejentada porque  nunca le llego la hora.

Frustrada por un matrimonio con un republicano, que hoy es demócrata.

Mañana comunista. Pasado anarquista, y si los negocios funcionan bien. Católico.

Republicano hasta la muerte. A quien por otro lado, no le importa nada de nada.

Solo el placer absurdo de morir trabajando.

Hombre que nunca sufrió contrariedades, que siempre combatió. Y fue siempre vencido

Solo. Hacer dinero y disfrutarlo con su amante de pierna amputada, que lo hace sentir como nunca ninguna mujer: lo hizo sentir en la vida.

En ella el es libre y en duradera paz se siente. (Incluida su esposa al principio)

La amante. Entusiasta sabe que lo usa. Cruelmente.

Llenándose el vientre de pescados de lejanas playas y de pájaros exóticos.

De ostras sulfatadas de petróleo, cosechadas en el Adriático y el Tirreno.

La muerte por inanición es más suave. La otra indigesta, revienta.

Y tampoco le importa.

El siente piedad por ella. Su mujer lo aburre.

La suegra lo alimenta y los hijos lo exprimen.

Además de vez en cuando le es infiel incluso a su amante. Con las putas.

 

Su cunada: la niña, sigue llorando pidiendo auxilio desesperada, sin que nadie tan siquiera escuche,  a nadie le importa nada.

Tratando de sobrevivir su ultimo recurso de vida que aun le queda.

Y todavía late en ella.

En su cabeza, pasa la imagen de jueces y tiranos arrancándose los pelos.

Mansiones que arden en fuegos incandescentes, porque la miseria se aproxima.

Un búho, desorientado vuela baja muy bajo, marcando los límites del final, y ángeles verdes aturden con sus trompetas doradas. Anunciando la llegada del diablo.

Sin que las olas lo alcancen. Mientras el tráfico marino sale y entra en los puertos a toda marcha, trayendo las malas noticias y a los nuevos pasajeros invitados al festín.

Ahora si ya están. Todos.

La miseria descamisada, corre de un lugar a otro. Espantada por el número grande de sedientos. Las letras del abecedario cuelgan, cayéndose como cera de velas que se apagan. Luz de antorchas y blandones, como en los funerales de los niños. Simples.

 

Balanceándose.

Es un  tiempo indefinido. Eterno. 

 

Devorado por mandíbulas gigantes de cocodrilos atacados por mosquitos, inquietos. Armados de tentáculos de madera marrón.

Aterrizando en una pista de baile en donde un vals vienes se siente hasta la medula.

Un cantante canta en silencio y pesados pasos se escuchan.

Golpeando el piso con insignificante dolor. El monstruo blanco de la castración se hace sentir a cada segundo y el agua bendita se derrama. Se calienta.

Un numero siete, iluminado. Esta al revés.

 

Sangre.

 

Acunada: la niña, sigue llorando pidiendo auxilio exasperada, sin que ninguno tan siquiera escuche,  a nadie le toca.

Comunicando el sobrevivir de su último medio de vida que aun permanece.

Y todavía palpita en ella.

Esta oscuro.

 



 

 

Lucido del Alba
Houston, April, 2006






Canción del atardecer pasado (Zamba, folk argentino)

Cuando uno cree que puede decir algo.

Cuando la piel hiere.

Cuando esta solo.

Cuando envejece y la vida se va.

Cuando la certeza es certera, lo que ya no vuelve, se sabe.

Cuando se insiste en recuperar el tiempo perdido.

Cuando uno espera.

Cuando uno ve y esta ciego.

Cuando se habla de lo mismo y todo se complica para repetirse.

Cuando la música duele como el color.

Cuando alguien se enferma

y cuando dieron un paso clave.

 

Cuando oscurece.

Cuando se extrañan a los hijos que están tan lejos, y que nunca fueron parte tuya.

Cuando te escucho y cuando te dejo.

Cuando me voy

y no puedo despedirme para no volver a ser atrapado en mi compasión y tu enfermedad.

 

Cuando todo se acaba. Cuando se hace tarde.

Cuando se pierde el tren.

Cuando llueve como hoy.

Cuando me muero.

Cuando te oigo.

Cuando estoy solo, desnudo.

Cuando veo en la vereda la piel de ella negra y dulce.

Cuando alguien cree que me ama.

Cuando converso. Cuando me voy. Cuando termino.

 

ASI.

 

Se va, se me va.

La vida.

Y no llego.

Cuando no puedo.

Cuando te veo, cuando te busco todavía.

Quema, cuando vengo.

Cuando se que no te voy a volver a ver.

Cuando te extraño. Cuando lloro.

Cuando siento. Cuando pienso.

Cuando no soy y cuando soy.

Cuando te encuentro.

Cuando me pierdo.